Publicado en El Nacional, Papel Literario, 7 de abril de 2013

CARALUNA

¿Cómo se describe un determinado rostro? El punto de la nariz sumergido debajo y una barbilla curva petrificada apuntando hacia arriba, en este tono habría comenzado Salvador Garmendia. En su faz, dos hendiduras rasgadas, los pozos negros de su expresividad —la nuit de l’encrier—, acotaría Mallarmé. El inventario de cicatrices, en particular aquellas en el rostro, sus marcas de vida, la suerte de líneas irregulares grabadas en la piel son letras de un alfabeto secreto que cuentan la historia de quien era, pues cada una es el trazo de una herida, habría añadido Auster. Y, Picasso se habría preguntado: ¿Hay que pintar lo que hay sobre el rostro?, ¿en él? o ¿lo que se esconde detrás?

La mañana de los funerales amaneció de un sol radiante. No siempre el afuera refleja el adentro, y viceversa. Muchísimos lloran, ¡qué no llorarán en un mismo cuenco revuelto!, removido por la «incurabilidad» de la vida: la muerte. «El Presidente tiene el rostro hermoso. Esta rellenito y no se ve demacrado.» «Es como si volviera a perder a mi hijo. » «Es un dolor muy grande. Él era como nuestro padre», leo e intento asomarme a escribir sobre su rostro, el de Chávez. Escucho una canción aleatoria: Quien dice que no duelen/las huellas en la arena/Tu huella el mar se la llevó/pero la luna sigue ahí/ Mientras siga escuchando tu voz entre las olas entre la espuma/Mientras tenga que cambiar la radio de estación por que cada canción me hable de ti de ti de ti/Yo seguiré buscando o seguiré escapando/Tal vez de ti tal vez de mi… 

El niño, al amamantar, ve desde muy cerca el rostro materno, no ve de su madre más que una visión parcial, un detalle, un lado mas no otro. El rostro iluminado de amor, de bondad, de entrega. En Chávez, la faz benevolente, abnegada, caritativa, generosa… fue la cara de sus aciertos: el darle —con vehemente entusiasmo— rostro a ese otro marginado, olvidado, arrinconado. Delineó sus rostros: Yo soy Chávez. Tristemente, al dibujo redimido superpuso su omnipresencia y visión mesiánica, su incesante voz en pantalla y radio…mientras tenga que cambiar de estación porque cada canción me hable de ti de ti/yo seguiré escapando del rostro intolerante, ofensivo, vejador. Su faz beligerante, pugnaz, jactanciosa, bravucona que quiso —con violenta exaltación— borrarle el rostro a todos esos otros, discrepantes. Relegar, excluir, rechazar… fue la cara de sus errores: el desprecio al otro. El rasgo que divide a la vez cohesiona su semblante: una fuerza efervescente, efusiva.

Las deformaciones nacen de una visión mono-focal, pierden valor expresivo y conducen a una representación plana, sin profundidad, como si quisiéramos hacer un découpage visual. Recortar aquello que nos estorba a los ojos. Si la luna muestra una de sus caras, la otra sigue ahí, oculta. La faz que unos exaltan —iluminándola— no desdice la existencia de la otra. De ceñirme a una descripción puntual del rostro de Chávez, indicaría: redondo. Al imaginar su cara-de-luna, esta lectura escindida de su semblante quizás no sea más que el resultado de una urgente necesidad, un clamor a reparar la discordia y contemplar la esfera desde una perspectiva cercana a la paz del firmamento.

Helena Arellano Mayz

Caracas, 10 de marzo del 2013